viernes, 23 de septiembre de 2016

Preguntas que debes hacerte sobre el Éxodo (I)



          Hay algo que diferencia muy claramente el Génesis del Éxodo, y es que se deja de hablar de los patriarcas de Israel para hablar ya del pueblo de Israel, el pueblo elegido por Dios. Lo primero que tenemos que saber, es que este libro cuenta cómo los israelitas fueron liberados de la opresión egipcia gracias a la intercesión de su Señor. Desde este momento, ya deberíamos empezar a sospechar. ¿Acaso los egipcios no habían sufrido también la esclavitud mucho antes? ¿Acaso no pasaron por un período de hambruna sin ningún tipo de explicación, más que la voluntad de Dios? Dios no hizo nada por ellos. Puede ser porque sus dioses eran paganos, o simplemente porque no eran los favoritos de Dios. Tened muy presente sobre todo estas últimas palabras, porque pueden ser una prueba de que uno de los mantras más repetidos por los cristianos a lo largo de los siglos (Dios nos ama a todos por igual) resulte ser una falacia.
           La imagen que vamos a tener del faraón de Egipto es la personificación de un poder despótico que se opone a los planes de Dios, y que teme que los israelitas se pongan de parte de sus enemigos porque se da cuenta de que ellos son más numerosos y poderosos. A partir de aquí, sabéis cómo sigue la historia; Moisés es el elegido que reclamará al faraón que deje ir a su pueblo, pero sin ningún tipo de éxito las primeras veces. Prestad mucha atención a las siguientes líneas dichas por Dios a Moisés en el Éxodo, 4:

          "Yo por mi parte, haré que él (el faraón) se ponga terco y que no deje salir a los israelitas. Entonces dirás al faraón: 'Así dice el Señor: Israel es mi hijo primogénito y te he dicho que dejes salir a mi hijo, para que vaya a adorarme; pero como no has querido dejarlo salir, yo mataré a tu primogénito'".

              Quedaos muy bien con la primera línea, porque no será la última vez que la repita, ni mucho menos. Está dando a entender que no es que el faraón no libere a los israelitas porque no quiere, sino porque Dios hace que se ponga terco. ¿Por qué Dios no quiere una liberación rápida y fácil, sin desgracias ni muertes de por medio? El Éxodo es conocido por la obstinada resistencia del faraón a liberar de la esclavitud a los israelitas, a pesar de las plagas y muertes que recaen sobre la población egipcia. Qué pena que nadie recuerde que es el mismo Dios el que le hace tener esa actitud.
Bien, justo tras esa cita que os he puesto, hay otra que a mí francamente me dejó de piedra por lo incomprensible de la misma:

          "Durante el camino, el lugar donde Moisés y su familia iban a pasar la noche, el señor salió al encuentro de Moisés y quiso matarlo. Entonces Séfora tomó un cuchillo de piedra y cortó el prepucio a su hijo; luego, tocando con el prepucio del niño los pies de Moisés, le dijo: 'En verdad, tú eres para mí un esposo de sangre'".

Algunos rasgos del trastorno de personalidad


          No pretendo herir la sensibilidad de nadie diciendo lo que estoy a punto de decir, pero si Dios no recibiera el tratamiento de ser todopoderoso, encajaría perfectamente en el trastorno definido en la imagen. Alguien que presenta un sentimiento de superioridad y grandiosidad (Dios necesita ser adorado), que explota a las personas que no lo admiran (tenemos de ejemplo a los egipcios, a los habitantes de Sodoma y Gomorra, etc...), que es demasiado sensibles a las críticas (la simple desobediencia es suficiente para que Dios quiera matarte), y que presenta actitudes explosivas y falta de empatía (la cita de antes es un buen ejemplo de ello, entre otros muchos), sería diagnosticado inmediatamente como un enfermo mental. Dios envía a Moisés a hablar con el faraón para cumplir una misión, pero a saber lo que pasa en el camino, que Dios decide matar a su mensajero. Se dice con algo de sorna que los cristianos han estado adorando al Dios equivocado durante siglos, que es más probable que incluso Satán sea el bueno de la historia. Bueno, leyendo pasajes como este último, donde la estabilidad mental de Dios cada vez queda  más en entredicho, a lo mejor tienen algo de razón (para dejarlo claro, no, no soy ninguna adoradora de Satán).
          En la siguiente entrada, seguiré hablando de las consecuencias de las acciones de Dios (no del faraón), y por qué incluso Dios admite claramente que no ama a todos por igual.
           Todos los comentarios son bienvenidos.

Fuente de las imágenes:
http://www.taringa.net/post/info/18595927/Moises-y-el-Exodo-Una-mentira.html

http://es.slideshare.net/videoconferencias/trastornos-de-la-personalidad-14792512


martes, 20 de septiembre de 2016

El príncipe y el mendigo: así se acepta el abuso de poder (II)



             Había acabado mi entrada anterior hablando de Humphrey Marlow y de cómo, sin lugar a dudas, es el ejemplo más claro del abuso de poder sobre los ciudadanos, que lo aceptamos todo porque, al fin y al cabo, ya se sabe que el poder corrompe (sí, también aceptamos que poder y corrupción necesariamente tienen que ir de la mano). A lo que iba, Tom no entiende por qué tiene que haber un niño en la Corte que pague por sus errores porque eso no tiene el más mínimo sentido. Humphrey se lo explica así:

          "Señor, la explicación es sencilla. Nadie puede poner las manos en la sagrada persona del Príncipe de Gales; por consiguiente, cuando él falta, me azotan a mí, y eso es lo justo y lo convenido, porque es mi oficio y mi manera de vivir".

               ¿Habéis mirado ya con atención la imagen que encabeza esta entrada? Bien, pues esa es la traducción de lo que dice "el niño de los castigos" a nuestra época. Cuando los poderosos meten la pata, los castigos van para la gente del pueblo llano, porque los que están por encima son intocables. Aquí todos somos Humphrey Marlow; o para modernizarlo un poco más, #JesuisHumphreyMarlow. Y bueno, no es por ser pesada, pero recordad que este libro es del siglo XIX; estamos en el siglo XXI y yo apenas noto diferencias en este aspecto.
          La verdad es que Twain le pega un repaso impresionante a toda la institución monárquica, empezando por lo que él considera una inmensa falta de empatía por parte de la realeza hacia el pueblo al que gobierna. Y para muestra un botón. Cuando Eduardo VI abandona a la pandilla de vagabundos con la que estaba (hablaré de ellos más tarde), logra encontrar refugio en un pesebre propiedad de una familia muy humilde formada por una viuda y sus dos hijas. Eduardo empieza a contarles cosas sobre su vida en la Corte porque ellas son de las pocas personas que no le juzgan ni le toman por loco, pero en cuanto la madre empieza a hablar sobre la vida en el campo, de toda clase de industrias y profesiones para las personas como ella, de ganadería... el príncipe desconecta porque no le interesa el tema. O como Twain quiere que entendamos, a la monarquía no le interesa nuestra vida. Pero atención a lo que piensa Eduardo en cuanto la madre le pide que friegue los platos con los que le ha alimentado:

              "Si Alfredo el Grande vigiló los pasteles, es posible que también hubiese fregado los platos. ¿Por qué no he de intentarlo yo?"



            No es que vaya a fregar los platos por agradecimiento al buen trato recibido o por interés en ayudar, sino porque quiere competir y compararse con otros reyes. ¿Se puede entender esto como una falta de empatía por parte de la monarquía? 

 Y ahora, vamos a hablar un poco más sobre las jerarquías de poder

          ¿Y qué hay de la clase más baja de la sociedad? Antes os he comentado que Eduardo se unió a una cuadrilla de vagabundos... ¡pero qué cuadrilla! ¿Veríais comprensible que, viviendo en sociedad, haya una parte de esa sociedad a la que no le importáis en absoluto, no os favorezca en nada, y aún así la defendáis? Pues los vagabundos hacen eso con la realeza. A pesar de que las leyes de la monarquía no les favorezcan a ellos en ningún sentido, el jefe de la cuadrilla llega a admitir que serán malos en cosas de poca monta (según ellos), pero que en ningún caso traicionarían a su rey. Vemos cómo se repite de nuevo la paradoja del esclavo feliz, pero parece ser que esta vez es algún tipo de patriotismo lo que les lleva a pensar de esa manera.
          Aunque Twain enfocó esta obra para criticar a las clases poderosas, ni siquiera el sector más bajo de la sociedad se libra de ejercer también abuso de poder. Ya sabemos que el padre y la abuela de Tom ejercen la violencia contra él para someterlo, pero la cuadrilla de vagabundos llega a invadir una casa de labriegos atemorizando a la familia que en ella vivía, obligándoles a servirles toda la comida que tenían, acosando a las mujeres, y amenazando con quemar toda la casa si la familia se atrevía a denunciarles. Y siendo esta la clase más baja de la sociedad, la interpretación no puede ser otra: cualquiera que sienta que está en una posición de poder va a cometer abusos, independientemente de su estrato social. ¿Realmente la naturaleza humana es así de grotesca? Tomando en consideración esta pregunta y los últimos puntos analizados, creo que el mensaje final que podemos extraer es que el abuso de poder no distingue de clases, lo pueden ejercer tanto reyes como vagabundos, adultos y niños, policías y padres... Y la solución a esto no creo que pase por ser tú el que intentes ocupar esa posición de poder, sino comprender que ese abuso no es ni natural, ni normal, ni aceptable, por mucho que te obliguen a aceptar que en este mundo tiene que haber dominadores y dominados porque "es que es lo que hay".

Audiolibro: El príncipe y el mendigo, de Mark Twain



Trailer: El príncipe y el mendigo

  
Película: El príncipe y el mendigo


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Fuente de las imágenes:
http://bancariachile.cl/estamos-al-borde-de-una-nueva-crisis-bancaria-y-recesion-economica-global/

http://luzkarbarboza.blogspot.com.es/2011/09/no-coments-2.html

viernes, 16 de septiembre de 2016

El príncipe y el mendigo: así se acepta el abuso de poder (I)



          Como se lleva ya mucho tiempo hablando sobre los abusos de poder, sobre las injusticias contra los cuidadanos de a pie por parte de los políticos o de las clases más altas de la sociedad, me ha dado por pensar, ¿y por qué no hablamos sobre un libro que hace dos siglos ya denunciaba este tipo de cosas, que además también ridiculizaba esa obediencia ciega a la autoridad sin cuestionarla en ningún momento, y cuyo autor llegó a sufrir el odio de su propio país debido a ello? Creo que ya va siendo hora de hablar de El príncipe y el mendigo, de Mark Twain.
          Todos aquellos que hayan leído algo sobre la vida de Twain, sabrán que era una persona profundamente anti-imperialista y con muy poco apego a lo militar, aunque lo que yo destacaría sobre todo de la novela de hoy es que el autor no la escribió como si fuera un simple cuento para niños, y pienso que es aquí donde reside su magia; esta novela surgió como crítica ante una mentalidad que dominaba la época del momento en Europa, tanto a nivel cultural, como económico y político. Probablemente todos sepáis el argumento, pero no está de más hacer un pequeño resumen antes de ir de lleno con el ensayo: El príncipe y el mendigo cuenta la historia de dos niños con vidas muy distintas, uno es el futuro rey de Inglaterra y el otro es un vagabundo, que acaban intercambiando sus papeles por azar del destino; a partir de ese momento, uno tendrá que aprender a vivir la vida del otro y viceversa.

Esto también va de aprender a ponerse en el lugar del otro; o casi.

          ¿No os habéis preguntado nunca por qué se dice eso de que la gente feliz es la más ignorante? Pues Tom Canty, el niño pobre, nos va a explicar por qué. Tom es un niño que ha crecido rodeado de miseria en todos los sentidos. Su familia y él viven en un infecto callejón rodeados de suciedad y ratas, las borracheras y los tumultos eran el pan de cada día en su barrio, apenas tienen nada para comer y por si esto fuera poco, su padre y su abuela le maltratan si no trae la limosna a la casa. Y a pesar de todo, Tom es feliz, porque da por hecho que esa vida es la única que existe. Él representa la paradoja del esclavo feliz, simplemente porque desconoce que hay algo más allá de una vida de miseria. Planteaos también esta paradoja cada vez que oigáis frases como "es que es lo que hay", o "por los menos tengo un trabajo". Y ya que hablamos de creer que solo la realidad que vemos es la única y la verdadera, eso mismo pasa también con el futuro Eduardo VI, el niño príncipe, pues cuando él y Tom se conocen y empiezan a contarse cosas de su vida, no hay cosa que más le sorprenda que ni Tom ni su familia tengan criados que les vistan, como hacen con él. ¡Inocencia infantil!
            Ahora si hay un momento y una frase ciertamente escalofriante a lo largo de la novela, tiene que ver con la propia madre de Tom y la facilidad con la que se llega a acepta una vida indigna e humillante:

      "¡Hijo de mi alma! Tus descabelladas lecturas te han traído a este estado y te han trastornado el juicio. ¿Por qué te empeñabas en leer hasta volverte loco, como te prevenía yo? ¡Has desgarrado el corazón de tu madre!"


Sí, Tom Canty tiene muchos paralelismos con cierto personaje literario español muy popular

             Cuando el cambiazo entre los dos niños se produce, es obvio que la madre de Tom no reconoce las maneras que su "hijo" ha adoptado, y piensa que se ha vuelto loco; pero no piensa que ese estado mental haya sido producido por las palizas que su padre le da casi a diario, sino por leer mucho. Esa familia acepta que el maltrato es lo normal, y la cultura es perjudicial. Precisamente es Miles Hendon, el noble caído en desgracia que se hace amigo de Eduardo cuando éste adquiere la identidad de Tom, el único que atribuye la locura del pequeño "mendigo" a los malos tratos de su padre. De nuevo, aquí se muestra como aunque haya personas viviendo en la total desgracia, lo aceptan con total normalidad porque es lo único que conocen, como sucede con la madre de Tom Canty.
            Pero aún hay otro ejemplo en la novela que supera este momento, por difícil que parezca. En el palacio del rey hay un niño llamado Humphrey Marlow, cuyo trabajo pasa por ser el niño de los azotes; esto es, cada vez que el príncipe se equivocaba en sus lecciones, los azotes y las reprimendas se las llevaba él. Tom se horroriza de que otro niño tenga que ser golpeado por culpa de sus equivocaciones, y como es obvio le ofrece la libertad, lo que aterra aún más al pobre Humphrey, porque ese "trabajo" es lo que le da de comer a toda su familia. Al estar la pobreza tan extendida, hasta el trabajo más humillante era más que bienvenido. Ya sabéis, eso de que "al menos tengo un trabajo".
         Es precisamente este trabajo como "niño de los azotes" una de las críticas más mordaces que hace Twain contra la monarquía, algo que seguiré desarrollando en la próxima entrada, así como el mismo funcionamiento de la jerarquía de poder incluso dentro de las clases más bajas.
               Todos los comentarios son bienvenidos.

Fuente de las imágenes:
http://sanbartolo.edu.co/subdominios/biblio/index.php?option=com_content&view=article&id=43:obras-de-mark-twain&catid=12:recomendados&Itemid=29

http://www.rinconabstracto.com/2011/03/diferencia-de-ser-pobre-ser-rico.html

http://piperlab.es/inseparables-comprar-quijote-junto/

viernes, 2 de septiembre de 2016

La reina de las nieves: todos quieren ser ella (II)



              Sigamos con la continuación del ensayo sobre La reina de las nieves, una novela que bien podría representar la apatía general existente en el mundo, a la vez que todos esperan que suceda algo mágico que les diga que tienen un propósito en la vida.
          En la entrada anterior había dicho que la historia empieza cuando Barrett ve una extraña luz en el cielo y él la interpreta como algún tipo de señal. ¿Pero acaso fue él el único que la vio? Pues nada más lejos de la realidad. Si hay una cosa característica de los personajes de esta novela, es que todos parecen guardar secretos, hasta que llega el momento en el que el alcohol (o las drogas) hacen efecto y más de uno se va de la lengua. O simplemente, la necesidad de confesar que a lo mejor el universo también les está mandando señales a ellos. La pareja formada por Andrew y Liz resulta que también han contemplado una luz misteriosa en algún otro momento de sus vidas, y ambos se preguntan si aquello no querría decir algo más. Pero mientras tanto, lo que hacen es simplemente dejar pasar los días, dejar pasar su vida entre droga y droga. Es más, esta cita referente a la luz es especialmente reveladora:

          "Un progenitor gigantesco y hasta ahora desconocido ha decidido que ha llegado el momento de que sus hijos sepan que les está observando, que les cuida; que, después de todo, no han estado perdidos en el bosque todo este tiempo".

          Creo que no es una coincidencia que todos los personajes que han visto la luz sean precisamente los que más falta de cariño parecen sufrir. Viéndolo así, lo más fácil es que todos ellos entiendan esa aparición como la compensación por su sufrimiento.

¿En qué se basan las religiones, si no en prometer un lugar que compense todos sus sufrimientos?

          Pero si hay alguien que realmente está sufriendo es Beth, la mujer de Tyler. Los que hayan leído el libro, verán que casi todos buscan ser el centro de atención, o destacar por algo para sentirse especiales, aunque yo solo haya mencionado a los personajes más relevantes. En otras palabras, todos quieren ser la reina de las nieves, como dice el título; todos, menos Beth. En ella se puede percibir cierto sentimiento de culpabilidad por haber sido precisamente el centro de atención durante tanto tiempo (estaba enferma de cáncer), para luego tratar de llevar una vida normal como si nada hubiera pasado. Ella cree que le debe algo al mundo por eso, y no al revés, lo cual le da a todo un significado mucho más retorcido. Es más, llevando las cosas al extremo, casi se podría decir que el cáncer de Beth es el símbolo metafórico de todo lo que consume lentamente al resto de los personajes, que es vivir sin rumbo fijo en la vida mientras esperan a que algo mágico pase. Hay que recordar además que Tyler parece ver en Beth un medio para alcanzar sus propósitos de ser un músico reconocido, así que de alguna manera, Beth también representa ese hermano fantasma de los hermanos Meek, aquel que se supone que debe mediar entre los dos y completarlos. Al menos para Tyler, la enfermedad de Beth era la excusa para que él sintiera, aunque fuera solo por unos momentos, que era una persona plena.


          No quisiera acabar este ensayo sin mencionar la importancia que tiene el contexto histórico en el desarrollo de esta novela. Los eventos de esta historia tienen lugar tras los atentados del 11S, pues en algún momento se hace referencia a la política de Bush y a la inseguridad del país. No se puede comprender la mentalidad de los personajes sin conocer los momentos por los que estaba pasando EEUU en general, y lo que había sucedido con la mentalidad estadounidense es que habían pasado de ser una nación confiada y segura de sí misma, a ser temerosos de todo el mundo. EEUU necesitaba convencerse de que seguía siendo la primera potencia mundial y que era especial, aunque el resto del mundo ya no lo pudiera ver así tras los atentados, al igual que sucede con los personajes. Tienen miedo al futuro.
           Todos los comentarios son bienvenidos.

Fuente de las imágenes:
http://www.telesurtv.net/news/Sorpresiva-nevada-en-Nueva-York-deja-4-muertos-20141119-0022.html

http://maria-reynadelapaz.blogspot.com.es/2013_05_01_archive.html

http://mundo.sputniknews.com/america_del_norte/20160413/1058647973/arabia-saudi-vinculos-11-septiembre.html