La ciencia en mi vida (I)



Aunque la temática principal de este blog sean los ensayos literarios, no quiere decir que de vez en cuando no pueda salirme un poco de la norma. De hecho, lo que sí quiero destacar es el elemento común de reflexión sobre temas muy diversos. Este post, por ejemplo, voy a dedicarlo a la ciencia y lo que representa para mí. Siendo yo una persona de letras, doy permiso a todas aquellas personas que sientan el ansia de despellejarme que lo hagan, si en algún momento creen que desafío algún dogma científico. Allá vamos. (A la generación de los 90 les ha tenido que venir muchos recuerdos con esa foto de portada, no digáis que no).

Si la ciencia se define como el sistema para la generación, verificación y propagación del conocimiento para entender el mundo que nos rodea, de la misma manera estas medidas deben ser tomadas muy en cuenta, no solo para entender el medio en el que nos movemos, sino también para hacer nuestra vida un poco más fácil sabiendo qué decisiones tomar a lo largo de nuestra existencia. Me interesa sobre todo centrarme en dos aspectos que tienen mucho que ver con la aplicación de la ciencia en nuestra vida cotidiana: uno es el entorno social, el otro es la capacidad creativa.

Como antes he mencionado, uno de los pilares fundamentales de la ciencia es la verificación de las ideas antes de que se propaguen, y si situamos este hecho en el contexto de nuestra vida, no hay duda de que la sociedad juega un papel muy importante en la adquisición de conocimientos nuevos. Si bien es cierto que en nuestros pensamientos solo mandamos nosotros, también es verdad que nuestras opiniones se forman a raíz de un conjunto de influencias externas a nosotros; bien puede ser la sociedad, como la cultura, o como la historia.

Facebook es un magnífico ejemplo de cómo adoptamos opiniones por influencia social 
Lo que todo esto quiere decir es que, al igual que ocurre con cualquier método científico, nosotros debemos aprender también de los pensamientos de los demás para verificar, o modificar, ciertos aspectos de nuestra vida sobre los que podemos tener puntos de vista distintos; de lo contrario, seguramente nuestra actitud frente a la vida esté llena de prejuicios que no permiten ninguna evolución.

Un ejemplo muy sencillo para explicar esta conducta evolutiva la tenemos en nuestra propia infancia. La religión cristiana dice que el ser humano es pecador por naturaleza. Yo diría que todo ser humano es egocéntrico desde la infancia. El niño siempre considerará que sus ideas, pensamientos, o conclusiones son la verdad absoluta, y no admite posibilidad de oposición. Sin embargo, según va creciendo ese infante es más consciente de la importancia de la sociedad y de ser un miembro más del grupo; por lo tanto, su parecer ahora estará mucho más influenciado por las opiniones de las personas con las que se relaciona a diario. Este proceso se acrecenta con la adolescencia, y entonces es donde las opiniones de los demás, sobre todo de las amistades, toman una importancia relevante. Llegados a este punto, es obvio que de alguna manera todos nos sentimos un poco condicionados para expresar con libertad nuestras ideas y opiniones, porque en el fondo necesitamos que los demás nos acepten. No pasa nada por admitirlo, es perfectamente natural. La actitud de "me da igual lo que digan" se usa cuando "lo que dicen" no es muy bueno; en cambio, cuando "lo que dicen" son cosas buenas, curiosamente ya no da igual y se toma en cuenta.

A no ser que seas una pastilla de jabón, es imposible que todo te resbale
La pregunta que hay que analizar es, ¿hasta qué punto hay que permitir que el entorno social nos influya a la hora de tomar nuestras propias decisiones? En realidad, la respuesta a eso nos lo dice la propia naturaleza humana. El ser humano es un ser pensante por naturaleza, tiene capacidad para razonar por sí mismo, y por lo tanto, tiene derecho a tener un pensamiento propio. No estoy descubriendo la pólvora, ¿pero qué es lo que pasa cuando nos encontramos con alguien que piensa radicalmente distinto a nosotros? Probablemente, lo que el común de los mortales hacemos es tratar de llevarnos a la otra persona a nuestro terreno, demostrarle por todos los medios que somos nosotros los que tenemos la razón y no él/ella. En ese momento volvemos a ser los niños que creían ser el centro del universo donde su palabra era la ley (como la canción). Aquí es donde debe entrar en juego el pensamiento científico. Si la ciencia se caracteriza por verificar y contrastar datos para llegar a una conclusión, lo mismo debemos hacer las personas para analizar estos conflictos de tal manera que resulte en un aprendizaje positivo, y no llevarnos un berrinche, como suele suceder la mayor parte de las veces por mucho que nos vistamos por los pies (expresión que de hecho no entiendo, ¿quién empieza a vestirse poniéndose los zapatos?)

No sería la primera vez que una discusión acalorada por ver quién lleva la razón sobre un determinado asunto acaba a golpes, concluyendo con que al final nadie ha aprendido nada de las opiniones del otro, y además sus impulsos han dominado su capacidad para razonar. Hay que tener en cuenta que si en el cerebro tenemos un hemisferio racional y práctico, y otro emocional y creativo, es para que se complementen, no para que uno solape al otro. De esta manera, el hecho de respetar la diversidad de opiniones nos brinda la oportunidad de adquirir nuevos conocimientos susceptibles de ser contrastados, y todo ello sin que nuestras reacciones emocionales nos controlen hasta el punto de no querer escuchar.

En la siguiente entrada, analizaré qué tiene que ver el pensamiento científico con la creatividad.

Todos los comentarios son bienvenidos.

Fuente de las imágenes:
http://www.todocoleccion.net/libros-texto-segunda-mano/1-libro-texto-ano-1997-conocimiento-medio-4-primaria-serie-sol-luna-editorial-anaya~x46616144

http://www.itrelease.com/2014/07/tools-used-facebook-using-google-dictionary-browser-urdu-hindi-video-tutorial/

https://anamaste27.wordpress.com/2014/01/11/sindrome-del-jabon/

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