El señor León, enamorado: el orden patriarcal de las cosas (I)



Os presento otro cuento de Angela Carter extraído de La cámara sangrienta, esta vez para hacer añicos la tierna historia de La bella y la bestia, escrita por Jeanne-Marie Leprince de Beaumont en 1756. Lo curioso del cuento original y lo que le diferencia del resto de cuentos de hadas clásicos, es que la figura heroica es el personaje femenino, es la mujer la que salva al hombre y no al revés; o en este caso, a la Bestia. La versión de Carter es bastante fiel a la de Leprince, pero el foco de interés tiene que ver con la relación de la mujer con el patriarcado, representados en la figura del padre y del amante, y con el sistema capitalista moderno, donde las mujeres son propiedad común.

La primera descripción de Bella no es muy diferente de la de las princesas de cuento, y de hecho se puede ver con bastante facilidad la similitud que tiene con Blancanieves:

"La bella adolescente que, con la piel nimbada por esa misma luz interior, se hubiera dicho también que ella estaba hecha de nieve."

Y ciertamente, esta no será la única intertextualidad que podremos encontrar en la novela. Hay otra referencia más a un cuento clásico y ocurre en el momento en el que el padre explora el castillo de la Bestia:


"Rodeando el cuello del botellón de whisky, un collarín de plata con la leyenda "Bébeme", y en la tapadera de la fuentecilla, también de plata, grabada en elegante cursiva, la exhortación "Cómeme"."

No hace falta haber leído la historia de Lewis Carroll para reconocer que es una clara referencia a Alicia en el país de las maravillas. Es muy posible que Carter establezca deliberadamente estas comparaciones con otras famosas protagonistas de cuentos de hadas, porque de alguna manera a todas ellas les une la misma característica. Jóvenes vulnerables cuya única forma de controlar su vida es mediante un sueño: gracias a sumirse en un profundo sueño, Blancanieves consiguió el beso de amor de su príncipe azul, y qué vamos a decir de Alicia: es un sueño el que describe toda su historia. El gran contraste lo crea Bella, una mujer a la que no le hace falta soñar para poder tomar las riendas de su vida.


¿Os habéis preguntado por qué las princesas necesitaban estar dormidas para tener amor?

La historia habla de Bella como una mujer muy pura. La rosa blanca del jardín de la Bestia es indudablemente el símbolo de la virginidad, y esto no tiene tanto que ver con la connotación sexual como con la visión que el padre tiene de su hija. Para él, Bella es todavía una niña, una criatura extremadamente delicada que no puede (ni debe) tomar decisiones por sí misma. Por no tener, ni siquiera tiene un nombre propio ya que el nombre de Bella tan solo es una referencia a su apariencia física. Esto es muy simbólico porque está vinculando a las mujeres hermosas con la dominación masculina. El instinto nos dice que lo bello debe ser protegido para que nada pueda romper esa belleza, pero a costa de un precio muy alto. En este caso, Bella es una posesión de su padre por ser su hija y además por ser mujer, pero la sobreprotección a la que la somete convierte a Bella en un animal enjaulado. Es muy hermosa y muy amada, pero también muy prisionera. Es un regalo envenenado.

Por estas razones, entre otras muchas más, las mujeres nunca acababan de ser personas adultas dentro del sistema patriarcal. Esto no quiere decir que las cosas se hacían así para perjudicar deliberadamente a las mujeres, pues la actitud del padre con su hija es muestra de ello, pero gracias a esta relación con él Bella abre los ojos y se da cuenta de cuál es el papel que le han dado dentro de una sociedad dominada por hombres. Es consciente de todo, pero no tiene autonomía para rebelarse. Incluso el trato entre el padre y la Bestia parece un trato entre dos hombres de negocios por la dote de Bella. Se podría decir que es un tipo de capitalismo masculino donde Bella solo puede obedecer las exigencias de la sociedad patriarcal por el bien de todos. Y cuando se dice por el bien de todos, quiere decir que el bien de Bella ocupa la última posición; la penúltima con suerte.

Como mujer, Bella es la propiedad; su padre la ha usado como pago para saldar su deuda con la Bestia

Bella es consciente de la crueldad de esta situación, sabe que es parte de un trato y se ve a sí misma como un cordero que va a ser puesto entre las fauces de un león, símbolo del depredador y de la grandiosidad, pero también del poder y la dominación. En la versión hecha por Walt Disney, es Bella la que le propone a la Bestia un pacto mediante el cual ella se queda en el castillo para dejar libre a su padre; en la versión original, el pacto se hace entre el padre y la Bestia y Bella solo puede asumir su destino con resignación porque eso es lo que de ella se espera: obediencia. Carter también lo expresa de este modo mostrando a Bella como una transacción que pasa de un amo al otro dentro del orden patriarcal, es decir, del padre al marido.

En la siguiente entrada hablaré sobre la relación entre Bella y Bestia.

Todos los comentarios son bienvenidos.

Fuente de las imágenes:
http://cosorongosraros2.blogspot.com.es/2015/05/cuento-el-senor-leon-enamorado.html

http://weheartit.com/entry/44810918

http://www.fanpop.com/clubs/beauty-and-the-beast-tv-show/images/31830702/title/vincent-father-photo

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