Coppelius: la atracción inconsciente hacia el miedo (I)



Recientemente he leído por primera vez algunas historias del escritor E.T.A.Hoffmann, y solo puedo decir que me arrepiento de no haberle descubierto antes. Si lo comparamos con otros autores cuya temática era bastante similar a la suya y que tuvieron mucha más repercusión, como Edgar Allan Poe, pues Hoffmann parece quedar relegado al plano de escritores conocidos tan solo por aquellos a los que les apasione la literatura y los relatos cortos de terror. Porque siempre está la típica persona que se declara gran amante de los relatos cortos de terror, pero que apenas sabe nombrar otros autores que no sean Lovecraft o Poe.

Pero vayamos al tema. El cuento del que quiero hablar es Coppelius, o también llamado El Hombre de Arena, un relato corto que me ha causado cierto impacto por la gran carga de terror psicológico centrada en los terrores infantiles. No es algo sobre lo que pensemos a menudo, pero lo cierto es que los miedos que surgen en nuestra mente durante la infancia, tienen su repercusión en la edad adulta sometiéndonos a un fuerte condicionamiento. Me vais a disculpar, pero no voy a hacer un resumen de la historia del cuento, porque si esto que voy a decir a continuación capta vuestra atención, no buscaréis resúmenes sino que buscaréis leer la historia completa: Nathaniel, el protagonista, desarrolla un terror hacia lo que el llama el Hombre de Arena, que al final acabará transformándose en un trauma que le durará hasta la edad adulta. El problema es que puede que ese terror sea todo una mentira, algo surgido en su imaginación que realmente no supone ninguna amenaza, pero que le condiciona hasta el final de sus días. Hoy en día, este recurso de crear figuras terroríficas que son producto de la imaginación y que en realidad nunca estuvieron allí, parece que está ya más que explotado. Pero para la época en la que fue escrito este relato, 1817, fue toda una revolución a la hora de analizar los miedos infantiles. Incluso Freud dijo al respecto de este cuento, que ese miedo al Hombre de Arena que secuestra a los niños malos, es un temor inconsciente a la castración. Freud nunca decepciona, siempre acaba llevándolo todo al terreno de la castración.

Una de las cuestiones que se plantean en el relato, es el poder de un trauma infantil a lo largo de la vida adulta  

Asustado ante la amenaza de que el hombre de arena del que le habla su madre venga a por él, una noche a Nathaniel se le ocurre ocultarse en el armario de su padre para poder verlo de una vez por todas. Este comportamiento no es tan irracional como parece. El miedo muchas veces va de la mano de la curiosidad; a veces, por mucho pánico o asco que sintamos hacia algo, no podemos evitar querer investigar más sobre ello, porque el miedo de verdad no es tanto ver aquello que nos asusta, sino no poder verlo porque eso significa que no lo podemos definir, que no le podemos poner un nombre; en definitiva, que no podemos saber a qué le tenemos miedo exactamente, y la incertidumbre es un terror en sí. Algunos dicen que esta reacción se debe al morbo, otros que forma parte del instinto de supervivencia, Freud diría que es por miedo a la castración o por el complejo de Edipo. Sea como sea, esto es una realidad, y Hoffman supo comprender muy bien ese sentimiento de atracción inconsciente hacia el miedo.

Apuesto a que esta imagen es escalofriante por muchos motivos, y también estoy segura de que no podéis quitarle la vista de encima y os encantaría conocer la historia detrás de esta foto

Y para muestra de lo que hablo, aquí está una cita del propio Nathaniel hablando de su infancia:

"Nada me agradaba tanto como oír o leer cuentos de espiritas, de hechiceros y de duendes; pero a todo esto anteponíase el Hombre de Arena, cuya imagen dibujaba yo con yeso o carbón en las mesas, en los armarios y en las paredes, representándole bajo las figuras más extrañas y horribles".

Aquí se demuestra cómo Hoffmann entiende a la perfección este rasgo de la psicología humana. El Hombre de Arena es lo que más le aterra, pero no puede dejar de imaginarse cómo sería su aspecto. Inconscientemente, busca un enfrentamiento con esa figura para estar preparado cuando llegue el momento de encontrarse con él de verdad.


Aún queda por saber qué repercusión tienen estas vivencias en el Nathaniel adulto, y sobre todo, queda por saber por qué a este Hombre de Arena se le da el nombre de Coppelius. Explicaré todas estas incógnitas en la próxima entrada. Mientras tanto, recordad qué forma tenían vuestros propios hombres de arena.

Todos los comentarios son bienvenidos.

Fuente de las imágenes:
http://yosoylector.blogspot.com.es/2013/08/el-hombre-de-arena-cuento-de-eta-hoffman.html

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Comentarios

  1. Hola Carmorán,
    Recuerdo que yo tenía una fijación por el hombre del saco que se transformó, debido a sueños recurrentes, en un demonio en forma de máquina singer de color negro (era con la que mi madre cosía) que entraba en mi habitación y se me llevaba consigo transportándome encima. Tendría unos cuatros añitos. Y por lo que respecta al complejo de castración, término psicoanalítico acuñado por Freud que pienso guarda mucha relación tal y como esplicitas en la entrada, quiero hacer una hablando de ello. Me has dado una idea. Cuando pensamos que la obsesión platónica y la atracción que sentimos hacia uno de los progenitores se convierte en sentimiento de culpa y nos la autocensuramos, es inevitable que aflore alguna manifestación de ello en nuestra psiquis infantil. El problema es si esto tiene a la larga y en la etapa adulta alguna consecuencia emocional, como nos preguntamos en el caso de Nathaniel y su Hombre del Saco.
    Me ha encantado esta primera parte, excelente.
    En espera de la continuación.
    Un abrazo

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    Respuestas
    1. ¡Buenas, Marisa!
      No se puede decir que tu hombre del saco no fuera original, ¡una máquina de coser, ni más ni menos! jajaja
      Como te comentaba en Bloguers, el miedo a la castración no acababa de verlo claro, puede que porque no acabo de comprender del todo bien esa teoría de Freud. Pero me alegro de que te haya dado una idea para escribir sobre eso, porque así intercambiaremos puntos de vista.
      De todas maneras, voy a tratar de desarrollar un poco más ese punto de psicoanálisis en la segunda parte, que es donde se va a dejar claro hasta qué punto ha quedado marcado Nathaniel.
      Un saludo, y gracias por pasarte

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