Coppelius: la atracción inconsciente hacia el miedo (II)



Si recordáis, en la primera parte había dicho que quedaba por desvelar cuál era el enigma bajo el nombre de Coppelius, y por qué es el Hombre de Arena de Nathaniel. Siendo sincera, puede que su identidad no cause mucha emoción, entre otras cosas porque se sabe casi al principio de la historia, y porque el personaje físico en sí solo aparece en ese momento clave, luego pasa a formar parte de la obsesión de Nathaniel. En todo caso, y si queréis saberlo por vosotros mismos sin spoilers, os recomiendo no leer los dos siguientes párrafos.

El pequeño Nathaniel, llevado por las ansias de saber quién era esa figura sin rostro que tanto le atemorizaba, se esconde en la habitación de su padre para descubrir que el Hombre de Arena es el abogado de su progenitor, de nombre Coppelius. ¡Pues claro! 2 + 2 son... ¿cinco? La relación que hace el niño es ilógica y la vez no lo es. Es ilógica, porque al despacho de su padre podría haber entrado cualquier persona, con lo cual, hasta su propio padre podría haber sido ese Hombre de Arena si la imaginación del niño así lo dicta. Y digo que así lo dicta, porque Nathaniel no solo descubre la identidad de lo que tanto miedo le producía, sino que además observa que tanto Coppelius como su padre practican la alquimia en el mismo despacho de su progenitor. La cosa se complica aún más cuando Coppelius dice necesitar ojos (presumiblemente para una de las fórmulas), y oportunamente descubren al chico, que ha caído al suelo desmayado. En esta parte, es decisión del lector tomarlo como parte de la imaginación del asustado niño. Hay que recordar además que la alquimia se veía como un arte para charlatanes y brujos, aunque ésta fuera predecesora de la ciencia moderna, y sumado todo ello a la trascendencia que estaba tomando la ciencia por encima de la fe religiosa durante el siglo XIX, no es de extrañar que el papel de malo de la historia se la lleve el que hace alquimia.

He dado algunas razones de por qué el miedo de Nathaniel a Coppelius puede parecer ilógico, ¿pero en realidad tienen fundamento sus temores? Nathaniel tiene muy claro que el enemigo está en casa. De hecho, su sorpresa al saber que el abogado Coppelius es el Hombre de Arena, aumenta en cuanto se da cuenta de que ese hombre ha comido incluso en su casa. Creo que esto muestra una perspectiva bastante interesante sobre cómo percibimos las amenazas. Pensamos que el mayor peligro siempre vendrá de fuera, de algo que no conocemos, y ni nos paramos a pensar que a lo mejor lo que más daño nos puede hacer es lo que más cerca está de nosotros. Nathaniel ya había visto en otras ocasiones a Coppelius sin sospechar de él, y en cuanto cree descubrir la verdad sobre el abogado, dice que ni la figura más abominable le hubiera causado tanto terror como la suya.

Si tenemos miedo incluso dentro de nuestro propio hogar, quizá es porque la amenaza viene de dentro y no de fuera

¿Y qué es lo que ha pasado con el Nathaniel adulto? Otro nombre va a resumirlo todo: Olimpia. Olimpia no es una mujer cualquiera, es una autómata fabricada por el profesor de Nathaniel, de la que se enamora sin ni siquiera saber que ella no es real. Pareciera que estamos ante un avance de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? Lo que está claro es que todo parece girar en torno a la dificultad para distinguir entre lo real y lo irreal, y la clara influencia de la ciencia más moderna. En la entrada sobre Frankenstein encontraréis mucha información respecto a este último punto, ya que es una novela que también pertenece al siglo XIX y que habla de los estragos que la ciencia estaba creando en el mundo.

Para no extenderme demasiado con la historia que hay detrás del amor del protagonista por Olimpia, utilizaré una cita del relato:
  
"La figura de Olimpia se multiplicaba a su alrededor como por encanto; veíala flotar por los aires como una nube de nieve, brillar a través de las cercas floridas, y reproducirse en los cristalinos arroyuelos".

Nathaniel está tan obsesionado con esta androide que creer verla en todos lados, exactamente igual que con Coppelius, al que cree reconocer incluso en un vendedor de barómetros. Por el tratamiento que Hoffmann le da a Olimpia como el nuevo fantasma que persigue a Nathaniel a todos lados, parece querer dar la impresión de que la autómata se ha convertido en el nuevo Coppelius, o lo que es peor (o mejor), es posible que su fijación con ella se debe al hecho de que le recuerda a Coppelius. Porque es enigmática, porque la ve en todos lados, porque no sabe si es real, porque en el fondo tiene miedo aunque la ame. Si en algún punto puedo encajar la teoría del miedo a la castración de Freud, es en esta parte.


¿Por qué Nathaniel se enamora de algo que le recuerda a su mayor terror?

El Hombre de Arena ha hecho sentir vulnerable a Nathaniel toda la vida, le hace sentir como ese niño indefenso que busca la protección de su madre; en otras palabras, sentir que no es fuerte le hace sentir castrado. Pero con Olimpia tiene una nueva oportunidad, porque por primera vez puede intercambiar esa posición. Ella no se impondrá ante él, respetará su lugar como cabeza de familia, le hará sentirse seguro y poderoso; resumiendo, con Olimpia recupera la fortaleza y la virilidad que una vez le fueron robadas. Olimpia es un Hombre de Arena al que esta vez va a vencer.

Seguramente, si buscáis el cuento de Hoffmann en relación al temor a la castración, encontraréis respuestas que tienen que ver mucho más con el aspecto físico, como la amenaza de que el Hombre de Arena le saque los ojos, como anteriormente comenté. Sin embargo, en un sentido mucho más íntimo, este terror a la castración supone más un miedo a perder poder tanto en la sociedad como en las relaciones personales.

Para concluir, es importante destacar que Hoffmann deja entrever a lo largo de toda la historia, que muchas de las cosas que suceden no son reales, y son fruto de la imaginación de Nathaniel. Incluso la misma Olimpia pudo ser una alucinación de la mente cada vez más inestable de su mente. Y ya se sabe que el mayor terror que existía en el siglo XIX, era volverse loco.

Audiolibro: Coppelius (El Hombre de Arena), de E.T.A.Hoffmann



Cortometraje animado: El Hombre de Arena



Cortometraje animado: El Hombre de Arena



Serie: El Quinto Jinete - Coppelius



Trailer: El hombre de arena (subtítulos en inglés)



Radio: La Rosa de los Vientos - Enigmas Literarios



Opera: Les Contes d'Hoffmann - C'est moi, Coppélius



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Fuente de las imágenes:
https://beautyisasleepingcat.wordpress.com/2010/09/19/e-t-a-hoffmann-the-sandman-aka-der-sandmann-1816/

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