Huéspedes del Sheik: etnografía de un pueblo iraquí (II)



Siguiendo con el análisis de este trabajo de Fernea sobre su vida en Irak, tengo que añadir una puntualización que considero importante, y que olvidé por completo hacer en la primera parte. Tengo que recordar que el lugar en el que Fernea y su marido vivían era un pequeño pueblo de Irak, y eso supone que la situación de estricto conservadurismo probablemente se agudizara aún más que en las ciudades más grandes. Dicho esto, lo último que comenté sobre la autobiografía de Fernea fue lo mucho que destacaba la influencia de las mujeres dentro del grupo. Este aspecto me parece ciertamente importante e interesante, porque la perspectiva que nosotros tenemos sobre el poder de las mujeres en los países árabes es que es un poder invisible. Fernea menciona el hecho de que bajo un manto de discreción, las mujeres no solo ejercían influencia sobre los hombres de muchas maneras, sino que además eran un pilar fundamental a la hora de tomar ciertas decisiones.

Este poder secreto tiene que ver con poder decidir con quién deben casarse sus hijos e hijas, o si irán al colegio o a la universidad. Lo que esto quiere decir es que aunque parezca que las mujeres viven en una relativa oscuridad, al mismo tiempo hasta podrían ser consideradas como una especie de poder en las sombras. Los hombres son líderes de puertas para afuera, pero la mayoría de asuntos domésticos que serán relevantes en el futuro son controlados por las mujeres. Y reconozco que hubiera sido muy interesante tener una visión masculina acerca de todo esto, pero la narradora de la historia es Fernea, quien solo podía permanecer en los grupos de mujeres, mientras que su marido hacía lo propio con los hombres.


El matrimonio es otro tema muy conflictivo cuando se trata de comparar Occidente con el mundo árabe. Según Fernea, en el mundo musulmán el matrimonio es una transacción comercial en la mayoría de los casos, donde los padres eligen a las novias o novios para conseguir riqueza y tierras. En este punto es mejor no dejarse engañar, porque en Occidente el matrimonio es exactamente lo mismo, es un acuerdo económico endulzado por la romantización de la boda, pero la finalidad es la misma cuando hay hijos y bienes económicos de por medio. Siguiendo con el tema, para las mujeres musulmanas el matrimonio supone un trabajo duro por el resto de sus días, cuidando de su marido, de sus hijos, y de su casa en todo momento, y aún así, ellas siguen considerando que el matrimonio polígamo es mucho mejor que el monógamo. La explicación a esto, es que ese es el medio de las mujeres para tener un buen futuro; cuantos más hijos tengan, más cuidado recibirán ellas cuando sean ancianas. Sin embargo, no es difícil deducir que desde su perspectiva esto es una salvación, pero desde la mía es una condena. Salvación, porque dispondrán de un marido que las mantendrá económicamente; condena, porque en muchos casos las mujeres jóvenes tendrán que aceptar matrimonios con hombres mucho más mayores, y todo por el bien de las ganancias familiares.

Tras haber leído la experiencia de Fernea como mujer occidental en el mundo musulmán, todavía tengo muchas dificultades para entender sus costumbres y modo de vida. Pero también creo que la investigación de la autora no ha sido en vano, porque si hay una conclusión valiosa que se puede extraer es que nuestra visión de lo que es aceptable y lo que no, está inevitablemente ligada al etnocentrismo. ¿Acaso el etnocentrismo tiene solución? Sigo sin verlo claro.

Todos los comentarios son bienvenidos.

Fuente de las imágenes:
http://www.telegraph.co.uk/news/obituaries/3903076/Elizabeth-Warnock-Fernea.html

http://www.shreekalyanam.com/islamic-wedding

Comentarios

  1. Me ha gustado mucho el enfoque que le das a la segunda parte del ensayo. Leyendo la primera parte, realmente no sabía la proyección temática que iba a tener la siguiente. Aquí reflejas como conclusión que el etnocentrismo es una desviación de un grupo humano que se siente superior para juzgar como bueno solo lo que tenga que ver con su propia etnia, con lo cual la crítica ya sé a dónde la diriges. Y estoy muy de acuerdo. El libro de Fernea es un ejemplo práctico de todos los clichés educacionales y condicionales que hay que desterrar por el bien de la pluralidad y la diversidad. Me ha chocado por lo que me pasa a misma hablando de este punto, es decir, por mis personales desconocimientos, por el hecho que mencionas, no solo ya del apego de las mujeres con sus congéneres identitarias y por supuesto, el de los hombres con los suyos propios, sino también me ha sorprendido que lleven el peso de la educación de los hijos y los asuntos domésticos. Excelente artículo, me ha servido para aprender cosas que desconocía y así poder evaluarlas más objetivamente.
    Un abrazo, Carolina ;-)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Marisa,
      Tuve mis dudas a la hora de cómo enfocar la segunda parte; por un lado, pensé que sería importante comentar un par de cosas acerca del islam y la Sharia, pero por otro lado, en lo que se centra Fernea no es tanto en el islamismo como en mostrar cómo son estas mujeres en un plano más íntimo, así que decidí quedarme con esto último.
      Es un libro que te abre mucho la mente aunque no estés de acuerdo con su forma de vida, porque gracias a que es un testimonio objetivo en primera persona y no edulcorado por prejuicios o ideologías, te ayuda a entender que tienes que pararte a pensar que es el etnocentrismo lo que te empuja a juzgar lo que otras culturas consideran bienestar y felicidad
      Muchas gracias por tu comentario, me alegra mucho que te haya gustado esta segunda parte ;)
      ¡Un abrazo!

      Eliminar
  2. Muy interesante esta segunda parte, y la pregunta final aún más. Yo creo que el etnocentrismo es difícil de eliminar porque es el rasero a través del cual observamos otras culturas.

    Por lo menos me quedo con la idea de que el contacto entre culturas favorece la comparación, más que la crítica.

    Saludos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola María,
      Me alegro de que esta segunda parte haya sido de tu interés, y me alegro sobre todo porque has captado cuál es la esencia de el libro, que es comparar culturas en vez de enfrentarlas para poder entenderlas de forma objetiva.
      Muchas gracias por dejar tu opinión :)
      ¡Un abrazo!

      Eliminar
  3. Hola Carolina
    Esperaba con curiosidad esta segunda parte y tus conclusiones me parecen muy acertadas. Queramos o no admitirlo, somos un producto de la sociedad en que hemos crecido y en nuestro orgullo, aplicamos nuestra vara de medir a los demás, negándonos a considerar o admitir de donde venimos y como hemos llegado a ser lo que somos.
    Si miramos desapasionadamente a nuestro pasado, podremos comprobar que hasta no hace mucho, nuestros roles sociales eran muy similares, si no iguales a los suyos y solo los avances científicos y técnicos que hemos logrado no han permitido romper esa dinámica y ver la vida de otra manera. Son nuestro orgullo y prepotencia, junto a un miedo atávico a admitir que no somos tan maravillosos como pensamos, lo que nos impele a actuar como lo hacemos.

    Un post muy coherente en sus análisis y conclusiones.
    Un abrazo :-)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Javier,
      Es la pura verdad lo que dices, hace no tanto tiempo en España las costumbres no eran tan diferentes a lo que ahora criticamos de otras culturas, y como vulgarmente se dice, para criticar a alguien primero tienes que tener tú el culo muy limpio.
      Muchas gracias por tu opinión, me alegra mucho que esta segunda parte haya sido de tu agrado :)
      ¡Un abrazo!

      Eliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Fausto, de Goethe: conociendo el Sturm und Drang (II)

Hablemos de la generación burbuja

El gran Gatsby: el sueño americano (I)

Preguntas que debes hacerte sobre el Éxodo (II)