El cuento del rechazo hacia la desinformación


Para la entrada de esta semana voy a ser muy breve, porque noto una tendencia en esta nuestra era de la tecnología que me está inflando un poco las narices. Una de las razones por las que un buen puñado de personas cambiaron los medios convencionales de información (televisión, prensa escrita) por la información que la red les proporcionaba, fue porque se empezó a conocer a los mass-media como los medios de desinformación; esto es, noticias manipuladas o directamente inventadas, falseamiento de datos, omisión de detalles... Claro, con este panorama lo que te esperas es que la gente proteste, porque se supone que a la gente no le gusta que le cuenten mentiras. Bueno, esto es un sí y un no a la vez. Sí, porque a nadie le gusta que se distorsione la verdad, y no, porque hay un porcentaje sorprendentemente alto de personas que están dispuestas a pasar por alto el filtro verdad-mentira si la noticia en cuestión les da la razón o no en según qué temas. Para evitar más ambigüedades, voy a poner un ejemplo muy sencillo: vamos a imaginar que yo soy una firme defensora de los libros físicos frente a los digitales. Imaginemos ahora que la tele repite machaconamente que los lectores de libros digitales son más inteligentes que los lectores de papel porque un estudio de una universidad muy prestigiosa lo ha dicho. Yo soy consciente de que ese estudio está sumamente sesgado y manipulado con el fin de apelar al ego de las personas para así empezar a vender más libros digitales. Imaginemos ahora que como yo me harto de la información manipulada de la tele, lo que hago es consumir información que venga únicamente de internet. Imaginemos que me abro una cuenta de Twitter, o de Facebook, y empiezo a compartir artículos que dicen que los lectores de libros electrónicos tienen tendencia a la psicopatía, que quieren crear un partido político con el fin de eliminar para siempre los libros de papel, que son mucho menos inteligentes que los lectores que prefieren el formato físico, y más cosas por el estilo. No tengo ni idea de en qué se basan para decir esto, o mejor aún, no tengo ni idea de quién dice estas cosas, si es una universidad muy prestigiosa o es mi vecina la del séptimo, pero yo lo comparto porque me da la razón en mi manera de pensar. Y tened en cuenta que si no tengo ni idea de la fuente original de esos artículos, y los comparto igualmente, es porque me importa bien poco si son verdaderos o falsos.


Este ejemplo inventadísimo que os he puesto, podéis trasladarlo al terreno de noticias sobre política, religión, historia, filosofía, movimientos civiles, estilos de vida... Ni uno de ellos se salva. Ni uno de nosotros nos salvamos, me incluyo a mí misma por eso de que el que esté libre de pecado que lance la primera piedra. Lo que yo observo de redes sociales como las que he mencionado, es que hemos pasado de la desinformación de televisión y periódico a la desinformación de tuit y me gusta; y nos gusta vivir en esta nueva matrix de desinformación, y nos gusta porque ahora somos nosotros los que podemos manipular las noticias que nos interesan a nuestro antojo con solo darle al botón de Compartir o darle a retwittear. La desinformación en el fondo nos encanta, somos muy hipócritas para promoverla, pero muy poco cínicos (y valientes) como para reconocerlo.

Teniendo en cuenta estas cosas, solo he podido llegar a una conclusión. Pretender que la gente sea crítica, objetiva, y use el sentido común para distinguir entre una noticia falsa y una verdadera, es un sueño que con suerte puede verse realizado dentro de unos siglos; con mala suerte, no existirá nunca una persona así. Lo que no estaría de más es que por lo menos tuviéramos la honestidad de reconocer que la desinformación nos importa entre nada y menos, que lo único que queremos es que nos den la razón para sentirnos superiores moral e intelectualmente, consecuencia por otro lado de tener un ego suficientemente frágil como para no querer admitir que también podemos meter la pata por la razón más simple del mundo, y es que no podemos pretender saberlo todo cuando no nos interesa informarnos sobre absolutamente nada.

Todos los comentarios son bienvenidos.

Fuente de las imágenes:
https://tellado.es/las-25-reglas-de-la-desinformacion-politica/

http://www.memegenerator.es/meme/732670

Comentarios

  1. Hola Carolina:

    Un post muy duro, sobre todo, porque no le falta razón. Vivimos en un periodo de franca desintegración social (nuestro modelo de sociedad hace tiempo que alcanzó su periodo de máximo esplendor y ahora está, como le ha ocurrido a otros modelos de sociedad, en periodo de decadencia y desintegración) donde lo único que importa a la gente (que se cree en posesión de verdades absolutas) es imponer sus ideas y que les den la razón.

    ¡Te felicito por tu valor al escribir esto! Por cierto me ha gustado mucho.

    Un abrazo :-)

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    1. Muchas gracias Javier, de hecho, podría perfectamente haber formado parte de tu sección de ideas políticamente incorrectas jaja

      Aunque, en realidad, a mí esto no me parece nada políticamente incorrecto porque creo que se trata de algo que no se presta a opiniones subjetivas; todos protestando por la desinformación de los medios de comunicación, pero solo un porcentaje muy pequeño se atreve a reconocer que en las RRSS encuentra la información que quiere oír, no la que más se acerque a la verdad

      Aprecio mucho tus comentarios en este blog, Javier ;)

      ¡Un abrazo!

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  2. Las fuentes de información deberían revisarse una y otra vez. Alguien dijo que una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad. ¿Y sabes quién? Fue Joseph Goebbels, jefe de campaña de Adolf Hitler. Curioso, porque a pesar de revisar las fuentes nos pueden pasar cosas así, tanto conociéndolas como no. Pero aun así creo que es más consecuente con la verdad hacerlo porque si es mentira lo que dicen podemos desenmascarar dicha mentira y si es verdad podemos saber quién lo dijo y por qué y si el mensaje es contradictorio respecto de quien lo diga, manifestarlo y aclarar posiciones.
    Lo que también es verdad de lo que manifiestas es que tendemos a expresar lo que queremos subjetivamente, no siempre son cuestiones objetivas, por lo que atendiendo a nuestra libre albedrío tenemos el poder o la capacidad de decidir. Solo que la confusión en cuanto a difusión y propaganda, una vez sepamos de donde viene la información y aunque no lo sepamos, dependerá de nuestros gustos e intereses. Un tanto peligroso si se desata una campaña en contra de alguien y luego resulta que es falsa porque se viola su imagen pública o cuando se hable de ciertos temas y la resultante sea crear un clima de opinión para falsear la realidad. Puede que pensemos que defender esa campaña es bueno, puede que solo nos interese egocéntricamente o que la critiquemos. Lo que está claro que es que aquello que se convierte en viral ya no es posible o es muy difícil enmendarlo o modificarlo. Las redes son propensas a crear y multiplicar los efectos de generación de climas de opinión para bien y para mal y también para desviar la atención de otros temas verdaderamente importantes.
    Ante el problema que planteas, con el que estoy muy de acuerdo, la mejor defensa es siempre recurrir a fuentes fiables y razonadas pero fundamentalmente no dejarse llevar por el primer impulso y estudiar qué consecuencias puede tener apoyar tal o cual afirmación de alguien, aunque lo hayamos generado nosotros mismos.

    Esto ocurrirá sobre todo en temas que guarden criterios de subjetivismo o de opinión.

    Me ha parecido un artículo super interesante, pocas veces me había parado a verlo así. Como siempre, lúcido y objetivo pero también enormemente reflexivo.
    Un abrazo, Carolina

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    1. ¡Exactamente! Las fuentes de información tienen que revisarse con lupa si hace falta, pero es que hay muchísima gente a la que no le interesa hacer esto, sobre todo cuando esa información se mueve en la misma corriente de su manera de pensar. Goebbels no era nada tonto, sabía que era muy difícil desenmascarar una mentira cuando ésta era cubierta por capas y capas y capas de más mentiras.

      El ejemplo de la campaña de desprestigio que has puesto viene muy al caso de este tema, porque me di cuenta precisamente de esta situación gracias a una campaña de difamación que no me afectó personalmente, pero sí moralmente por lo injusto de la misma, y por ver con estupefacción cómo la mayoría se la creía sin nisiquiera saber de dónde venía dicha información. Fue entonces cuando pensé, ¿para qué protestamos tanto contra la desinformación, si cuando dependemos de nuestro sentido común para no dejarnos engañar al final volvemos a caer en las mismas trampas? La sensación que obtienes al final es de una decepción profunda con el ser humano.

      Hay que hacer lo que dices en el último párrafo: atender a fuentes que sabes que son muy fiables, no dejarse llevar por impulsos, pensar en las consecuencias de que tal o cual noticia se viralice... pero cuando expones estas premisas, se ponen a la defensiva ¿Por qué será? ¿Porque saben que comparten información a lo loco y no lo quieren reconocer?

      En fin, Marisa, muchas gracias por colaborar en este debate. Tu opinión me ha sido muy útil :)

      ¡Un abrazo!

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  3. Siento que te vieras envuelta en una campaña así, no sé si directa o indirectamente, quizá ni siquiera directamente, fíjate lo que hace que alguien apoye o no algo que no es justo. Una cosa clara nos puede quedar tras una experiencia así, seleccionar las fuentes y si no queda otra, reconocer quién está contigo y quién no. Aunque sea triste y de esa manera. Quien decida no seguir su criterio personal muy a la contra de la verdad, aparte de que puede retratarse delante de otros, tiene un problema si lo hace por sistema, porque alguna vez su criterio podrá ir en contra suya aunque no sea lo que pretenda en primera instancia. El sentido común, Carolina, no es un principio que todo el mundo pueda seguir en este mundo por diferentes razones. Pero claro que plantear esto en una entrada me ha venido muy bien, aparte de interesante, valiosa la información y tu posición es muy valorada por mí.

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    1. Bueno, en realidad cuando digo que personalmente no me afectaba era porque no tenía en absoluto que ver conmigo, ni directa ni indirectamente; no voy dar muchos detalles porque además es algo que ya se aclaró, pero fue un ataque de un grupo religioso contra un determinado colectivo y fue a través de redes sociales. Mi sorpresa fue ver que gente que jamás hubiera pensado que iba a caer en un engaño tan mal preparado, caían como niños, entonces fue ahí donde me di cuenta de que no es la VERDAD con letras mayúsculas lo que importa, sino la verdad que uno se quiere creer, y todo eso junto con otras circunstancias dieron lugar a este post.

      De nuevo, me reitero en el agradecimiento a tu colaboración en este debate ;) Tengo muy en cuenta tus opiniones al respecto

      ¡Un abrazo!

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  4. Excdlente artículo! Lo mas preocupante de esta era de la desinformación es la poca capacidad para escuchar diferentes puntos de vista o para aceptar opiniones. Basta con leer los comentarios de cualquier artículo que roce un tema mínimamente polémico, para darse cuenta de las reacciones violentas y exageradas hacia quien expresa una opinión firme (y que no es popular en ese contexto).

    Es cierto que vivimos en la era de la desinformación, pero es que nuestra sociedad no busca la información o las noticias tal y como son, sino filtrada según determinados criterios y mejor si es otro quien los decide... Normal que laa redes se hayan convertido en el nuevo lugar en el que informarse!

    Saludos

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    1. Hola María,

      Es exactamente lo que dices, y me he llegado a sentir profundamente decepcionada y hasta entristecida por esto; es como tener una inmensa fuente de información a tu alcance pero desaprovechada de la manera más burda simplemente o bien porque solo quieres oír lo que te gusta, o bien porque no te apetece emplear dos minutos de tu vida para averiguar si lo que te están contado en verdad o es mentira

      Muchas gracias por tu comentario :)

      ¡Un abrazo!

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