Naturaleza muerta (I)




Tenía planeada otra entrada para esta semana, pero dados los recientes acontecimientos en torno al destrozo medioambiental, al poco respeto que se le tiene a la naturaleza en general, me apetece mucho más dar a conocer un trabajo que hice para la Universidad por el año 2014 y que trataba sobre la ecocrítica. Este concepto trata sobre la relación que la literatura tiene con la naturaleza para estudiar todo lo que tiene que ver con el medio ambiente, y por supuesto, ese campo de estudio también se interesa mucho por la interacción del humano con la naturaleza. He dicho que es un concepto, pero sobre todo, la ecocrítica es un movimiento que ya ha vivido sus tres olas.

Planteé mi trabajo de la siguiente manera: ¿cómo ha reflejado la literatura la paulatina separación entre el hombre y el medio ambiente? Para ello escogí tres obras literarias: una del siglo XVI, otra del siglo XIX, y la última del siglo XX, y analizando la temática de cada libro, siguiendo el punto de vista de la ecocrítica y del asunto planteado por mí, me di cuenta de que ese desapego gradual por la naturaleza era innegable para la literatura con la que había decidido trabajar.

"Arcadia", de Sir Philip Sidney

El pistoletazo de salida lo da el escritor inglés Sir Philip Sidney y su Arcadia, paradigma de lo bucólico y lo natural. Me costó horrores leerme este romance, ya no solo por la dificultad de tener que leerlo en otro idioma y además de otra época, sino también por un hilo argumental plagado de referencias hacia la cultura clásica, porque este romance es pura nostalgia por los tiempos gloriosos de Grecia y Roma; de hecho, su argumento nos recuerda a la mitología clásica: un rey recibe unas terribles predicciones del Oráculo de Delfos que le dicen que sus hijas serán secuestradas y su mujer cometerá traición contra él. ¿Qué haría un rey de la mitología clásica? ¿Abandonarlos a todos y así evitar cualquier tipo de ataque o traición contra él? ¿Matarlos a todos por exactamente las mismas razones anteriores? Lo que ocurre en este romance pastoral, es que el rey se retira con toda su familia en medio de la naturaleza para vivir como pastores. Incluso los príncipes que se enamoran de las hijas del rey también deciden escoger ese mismo estilo de vida, en vez de entablar batalla para conseguir casarse con ellas. El binomio que Sidney presenta es el de monarquía-vida pastoral, es la renuncia a la comodidad que da lo material por la tranquilidad de la naturaleza, es el abandono de la violencia para entrar en armonía con el entorno bucólico. Es decir, hay una transición mediante la cual la personalidad de los personajes se adapta al entorno en el que están, olvidando por completo los roles de guerreros/rey/amazonas de la mitología, que como todos los que hayan leídos historias mitológicas sabrán, son roles que están especialmente marcados.

Arcadia es el lugar descrito como el paraíso donde el ser humano puede gozar de felicidad plena al poder desprenderse de todo lo material que lo retiene en un mundo de plástico, algo así como el jardín del Edén. Durante el siglo XVI, fecha en la que el romance fue escrito, es complicado medir el grado de unión que las personas aún mantenían con la naturaleza, pero de lo que no hay duda es de que el feudalismo que imperaba mantenía esa relación directa con la misma tierra aunque fuera solo por motivos de trabajo, y sin embargo, fue esto lo que me hizo pensar que esta idealización de la Arcadia como lugar para disfrutar de la comodidad de ser pastores era una necesidad de las personas de este siglo para escapar de la época feudal en la que les había tocado vivir, donde la tierra no era suya realmente, sino de los señores para los que trabajaban. Dicho de otra manera, la Arcadia también es aquello que desearíamos tener en el tiempo presente y no tenemos.


Imagen arquetípica de Arcadia


Luego, hay otra característica no menos curiosa, y es que en Arcadia la naturaleza no es un elemento pasivo más, sino que Sidney habla de ella personificándola, como si fuera otro personaje humano más:

"Parece que los lirios crecieron pálidos por la envidia, las rosas se sonrojaron para ver rosas aún más dulces en sus mejillas, y las nubes dejaron espacio para que los cielos pudieran sonreír más ampliamente."

Seguramente hayáis leído este tipo de personificaciones con más frecuencia, pero lo importante es reparar en por qué, por qué Sidney quiso atribuir características humanas a las flores, nubes y cielos. Esto en realidad tiene dos perspectivas: la antropocéntrica, y la identitaria. La primera proporciona características humanas a elementos no humanos porque todo aquello que no podemos controlar, como la naturaleza misma, nos empuja a humanizarlo para entender el proceso natural que esos elementos siguen y que no nos parezcan tan ajenos a nosotros. Pensad si no en la cantidad de veces que hemos dicho que el cielo está llorando cuando llueve, o que se ha enfadado cuando truena. Obviamente, por supuesto que sabemos cómo se produce ese proceso, pero nuestro inconsciente enseguida hace esa asociación que para nada es casual.



La segunda perspectiva, la de la identidad interna, es de hecho la que más nos une a la madre naturaleza, pues aunque reconozca que el humano y la naturaleza no son de la misma naturaleza (valga la redundancia) no quiere decir que no coexistan como uno solo, pues ninguno es más importante que el otro. El entorno en el que los personajes conviven no es un simple lugar de referencia donde la acción se desarrolla, sino donde pueden encontrar una conexión primigenia y ancestral con el medio ambiente que les hace olvidar los roles clásicos antes mencionados. Después de todo, esto es lo que la Arcadia representa, la unión entre el ser humano y la naturaleza como parte de un todo, como una identidad única. Y para finalizar, no creo que la situación de la naturaleza aquí representada fuera más o menos realista respecto a la situación ecológica de la época en la que fue escrita Arcadia, y tampoco digo que la intención del autor fuera cambiar el futuro del mundo en cuestiones medioambientales; sin embargo, lo que hace destacable el trabajo de Sidney dentro de la tradición pastoral y de la ecocrítica es la forma en la que el mito de la Arcadia es representado para simbolizar el concepto de pura armonía entre humanidad y naturaleza.

La siguiente novela que nos contará los problemas que la mano humana ha traído sobre la naturaleza es una vieja conocida del blog; pista, famosa obra de terror del siglo XIX.

Todos los comentarios son bienvenidos.

Fuente de las imágenes:
http://ecocriticismo.blogspot.com.es/2015/05/reflexions-ecocritiques-dun-arbre.html

https://thetudorchronicles.wordpress.com/tag/sir-philip-sidney/

https://en.wikipedia.org/wiki/Arcadia_(utopia)

Comentarios

  1. Hola Carolina:

    Me resulta muy interesante el tema del que nos hablas y sobre todo, el planteamiento que realizas del mismo. Espero con mucho interés la continuación del ensayo para poder hacer un comentario integral del mismo, pero puedo adelantarte que el análisis que realizas en esta primera parte me parece muy bien argumentado y coincido plenamente con tu opinión sobre el mito de la Arcadia.

    Un fuerte y cariñoso abrazo :-)

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    Respuestas
    1. Hola Javier,

      Primero, darte las gracias por tu siempre inestimable valoración de los ensayos :) Lo cierto es que estoy realizando un arduo trabajo de síntesis con este tema porque el trabajo original consta de 40 páginas, así que sobre todo espero no dejarme detalles esenciales que en algún momento hagan perder significado al ensayo en su conjunto

      Un abrazo ;)

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